Nariz de las langostas ayudará a detectar minas y explosivos

Diego Ciocca Montoya

Las antenas con pelo capturan el olor emitiendo pulsos eléctricos parecidos al de los radares.

Científicos en Florida que estudian la manera en la que las langostas olisquean en busca de comida en el suelo marino dicen que encontraron una pista para desarrollar tecnología que ayude a detectar minas y explosivos escondidos desde distancias más seguras de las actuales.
La “nariz” de una langosta es en realidad un par de antenas con pelo que captura moléculas de olor que se fijan en el pelo y ayuda a las criaturas a localizar un olor, dijeron investigadores de la Universidad de Florida.
Están estudiando una neurona olfativa que emite estallidos de pulsos eléctricos, muy parecidos a los sistemas de radares que usan pulsos de energía de radio para detectar aviones o tormentas.
Los descubrimientos del equipo, publicados en el número de enero de Journal of Neuroscience, podrían dar pistas sobre maneras de mejorar los dispositivos de detección de minas y otros explosivos, dijo José Príncipe, un profesor de ingeniería eléctrica e informática del equipo de investigación.
Los detectores actuales “huelen” materiales explosivos, pero necesitan un humano que maneje la nariz electrónica para señalar la localización exacta, dijo Príncipe. Un nuevo dispositivo que use una “nariz de langosta” podría dirigir a los humanos que lo manejan a la fuente desde una distancia segura.
Para una langosta, cada emisión neuronal responde a un olor en una frecuencia diferente, según Barry W. Ache, un distinguido profesor de neurociencia y director del Centro para el Olfato y el Sabor de la Universidad de Florida.
Sentir el tiempo entre diferentes olores ayuda a la langosta a señalar la fuente, dijo Ache.
Príncipe precisó que los modelos informáticos de las células olfativas de la langosta ayudaron al equipo a entender cómo una langosta extraía y procesaba la información de su entorno.
“Nuestra idea del olor está evolucionando”, dijo.
Asimismo señaló que los científicos habían estudiado mucho el hecho de que el tiempo desempeña un papel en la acústica y en la visión, pero no habían reconocido su importancia en el olor.
“Sorprendentemente vas a la langosta y encuentras células que están asociadas con el tiempo, que miden el tiempo (…) A través de esas células el animal es capaz de cuantificar el tiempo desde su último encuentro con ese olor”, dijo Príncipe.
Los descubrimientos también aportan conocimiento sobre el sentido del olfato en las personas y en otros animales.
Príncipe espera que las potenciales aplicaciones comerciales estén disponibles en un futuro cercano. “Encuentras un principio y lo aplicas en términos ingenieros para crear nuestros dispositivos
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